Sabiduría de la India

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DE LA INDIA A TUCUMÁN

Danzó encantada por el amor

Anindita Nanda se desplegó por el escenario expresando con su danza su devoción a la divinidad. 

Encantada por el amor de Krishna, danzó con su sari morado como si fuera una de las damiselas que jugaban y retozaban alrededor del gran avatar en los jardines de Brindavan, reviviendo la leyenda que se universalizó desde la India.

Luego sus manos pintadas con un círculo rojo en ambos lados, sus pies del mismo color  y su cuerpo flexible se movían como un pez, después como una tortuga, un jabalí, un león, un enano, un guerrero, un labrador, como Buda, recreando así las diez encarnaciones de Vishnu  (Ser Supremo) que para los antiguos textos del hinduismo son representadas por avatares con formas de animales y de humanos con la misión de salvar a la humanidad. Según se leyó en las referencias de cada uno, el último avatar es un destructor que aún no ha llegado: El Señor Vishnu tomará la forma de Kalki, vendrá en un caballo celestial y destruirá el mal de este universo.

Es la danza denominada Dashavatar con la que Anindita Nanda deslumbró al público desplazándose por todo el escenario en la noche del 22 de noviembre en nuestro Centro de Yoga. 

Anindita, de 37 años, nació en el estado de Odisha, en la costa este de la India, por la Bahía de Bengala y cuando tenía apenas tres años se inició en Odissi, una de las ocho danzas clásicas de su país. Hoy, convertida en embajadora cultural de la India, su baile transmite la devoción que respiró en los templos de su tierra natal. Se dice que sus poses imitan las esculturas danzantes que adornan los templos de Odisha, al ritmo de los dulces sonidos de tambores, flautas y cimbales.

Quizás la mayoría de los más de 100 espectadores que tuvo la oportunidad de admirarla en nuestro Centro de Yoga no retuvo los nombres en sánscrito de las deidades de la India, ni las diferentes recreaciones de la mitología hindú, pero sí le llegó el mensaje de su presencia: un ser que expresó la espiritualidad de la India, su amor a la Divinidad, su alegría, y su entrega al público.

En cada baile manifestó su alegría por estar en Tucumán y aseguró que en ningún lugar –pasó por Buenos Aires y Córdoba en su gira por la Argentina- había tenido tanta conexión con el público e incluso se animó a decir que es “más afectuoso” que el de Nueva York, donde ella vive junto a su esposo e hijo de nueve años y se desempeña como científica y profesora de danza hindú.

Al finalizar el espectáculo –inédito por estas tierras-, el maestro Ananta Singh le hizo entrega de bellas flores y regalos autóctonos agradeciéndole a ella y a la representante de la Embajada de la India en la Argentina, su paso por nuestro Centro de Yoga. Ambas debían regresar al día siguiente a Buenos Aires, para el cierre del V Festival de la India.

Ella dijo que quiere volver. Quizás en julio del año próximo.


Patricia Aguirre, periodista y alumna del Centro de Yoga del maestro Ananta Singh

 

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