Yoga

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POR RAMIRO CALLE (*)

El verdadero Yoga

Ramiro Calle, el exponente del Yoga más reconocido en Europa, compartió con nosotros su reflexión sobre cómo distinguir, a través de un discernimiento correcto, la verdadera enseñanza del Yoga.

Ramiro Calle, en su centro de Yoga Shadak, el más importante de España; allí nos recibió cálidamente en octubre de 2010.
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El ámbito del yoga no está ni mucho menos, por desgracia, exento de pícaros, mercaderes del espíritu, compulsivos pontífices, falaces gurus y gurucillos, personas con un desmedido orgullo (el peor de los orgullos: el espiritual) y personalidades deficitarias que necesitan afirmarse entrando en el juego narcisista de “yo sé y tú no sabes”.

También están aquellos que se parapetan en su artificial solemnidad y que son despegados (no desapegados) y utilizan a sus discípulos para robustecer su ego-rascacielo en detrimento del genuino avance espiritual de sus seguidores, que tienen que rendirles culto y que crean dependencias mórbidas del guru-ícono que se empeñan en venerar, cubriendo así muchas lagunas emocionales o la baja autoestima. Contra todo ello hay que precaverse, desarrollando el verdadero discernimiento, indagando y poniendo a prueba al gurú.

Hay que tener claro lo que es el yoga y desconfiar de los que proponen sus enseñanzas y métodos secretos, como queriendo ofrecer atajos para llegar al cielo, cuando eso es por completo un dislate.

El yoga no es un deporte. No es una religión o culto. No  es un dogma o creencia preestablecida. No es una simple terapia. El yoga es el método de mejoramiento humano y elevación de la consciencia más antiguo y fiable del mundo.

Lamentablemente hay quien lo simplifica, desaprensivamente, hasta convertirlo en una grotesca caricatura y van surgiendo (en la tendencia compulsivamente promiscua y consumista, también en lo espiritual, del occidental) toda suerte de “yogas” que nada tienen que ver con el yoga genuino y mucho menos con su verdadera esencia.

El yoga es adogmático y antisectario. Nacemos libres y no debemos convertirnos en esclavos de nadie o de una organización y dejarnos embaucar por mistagogos. El yoga se basa en la experiencia y sus técnicas han sido verificadas a lo largo de milenios. Apela a que cada persona halle refugio en sí misma y pueda disponer de una  mente libre e independiente. Como me dijo en comunicación personal Muktananda, hay que poner a prueba al gurù y la policía debería examinar los ashrams para ver que se puede “cocer” dentro de los mismos. En última instancia uno es su propio maestro y su discípulo. No hay mejor maestro ni más inspirador y revelador que el interior y el maestro exterior verdadero te conduce al maestro interior y no propicia las dependencias y apegos de su persona. Falso maestro el que lo haga. Flaco favor hace a sus discípulos.

 Un buen profesor de hatha-yoga no es un contorsionista. Cualquier bailarín, incluso mediocre, puede hacer los asanas mejor que un instructor de yoga. Lo que distingue a un fiable mentor de hatha-yoga es su capacidad para enfatizar con el alumno y para atenderle y corregirlo lo oportuno e impartirles las verdaderas enseñanzas, resolviendo sus dudas. El yoga no puede, como ha sucedido con diferentes sucedáneos del yoga, convertirse en un culto al cuerpo. Hay “yogas” de los deportivos que, como dice una amiga mía escritora notable y profesora de yoga (habiéndose especializado en diferentes modalidades), pueden dejar un trasero muy sexi, pero no tienen el alcance del verdadero yoga que es la unión del cuerpo y la mente y del la propia identidad con la Mente Universal. Toda forma de yoga que pierde de vista la vertiente espiritual y de acción no solo sobre el cuerpo sino también  sobre las energías y la mente, debe ser puesta en cuestión.

Es necesario también distinguir, a través de un discernimiento correcto, entre los institutos serios de yoga y los que son meras organizaciones internacionales que operan como no lucrativas cuando realmente lo son. Por otro lado, todo instructor o profesor de yoga, tiene que dignificar la profesión y si el centro o institución de yoga cobra a los alumnos (y dejémonos del subterfugio falaz de que son donativos o donaciones), debe abonar inexcusablemente a los profesores y éstos deben exigir sus honorarios, evitando que se les explote o se abuse de ellos. 

Desde hace años abono a mis profesores treinta y siete euros por hora. Pagar, como se está haciendo, hasta diez euros la hora u hora y media me parece un abuso incalificable por parte del propietario o propietarios de ese centro.  El abuso viene porque al haberse convertido la formación de profesores en un buen medio de obtener hasta pingues beneficios, y siendo muchas las personas que aspiran a poder vivir de algo que les gusta y llena, se ha producido tal número de instructores que hay una verdadera inflación en tal sentido y eso puede producir que desaprensivos o egoístas propietarios de centros abusen de la situación de necesidad de los profesores.  Es de pura justicia y honestidad prevenir a los que se hagan profesores de yoga para poder vivir de las clases de que pueden encontrar luego no pocas dificultades para emplearse.

Si no velamos por el auténtico yoga y cedemos a la tentación del ·todo vale”, estaremos haciéndole un flaco favor al yoga mismo, a la enseñanza y a los muy buenos y serios profesores que hay en este país. También los medios relacionados con la espiritualidad y la difusión de los métodos de autodesarrollo y autorrealización deben comprometerse en la hermosa labor de informar sin sesgos y con honradez y honorabilidad. Nadie tiene el monopolio de la verdad.

El yoga invita a la humildad  y a la veracidad. Pero el verdadero maestro sabe que hay que poyar incondicionalmente al aspirante y no explotarle o hacer que dependa patológicamente de uno o engatusarle aprovechando su labilidad emocional. Al fin y al cabo, cada uno es su propia lámpara a encender. Y no hay que vivir con luz prestada, cuando podemos destellar con nuestra propia luz.

Uno tiene que aprender a desarrollar lo mejor de uno mismo y a si mismo asirse, y no a presuntos salvadores de almas ni prepotentes intermediarios espirituales. Unete a ti mismo. Eso es yoga, y desde ahí podremos unirnos a los demás.

El verdadero maestro no necesita autoproclamarse, igual que no lo hace el sol,  no necesita títulos, ni rótulos ni etiquetas. Nunca podríamos imaginarnos a un Ramana Maharsi o un Ramakrishna autoproclamándose y haciendo gala de sus títulos. Al verdadero maestro tampoco le preocupan las opiniones ajenas; es como un muerto ante los halagos y los insultos. Como reza el antiguo adagio que escuché en la India: “Las estrellas no s inmutan por mucho que aullen los chacales”.

(*) Artículo titulado "La Conveniencia de desarrollar el discernimiento", publicado en la revista internacional Yoga Journal, que se edita en Madrid, España.

De parte de nuestro maestro Ananta Singh y sus alumnos, agradecemos el generoso aporte de Ramiro Calle para nuestra página y su valiosa predisposición para alumbrar desde su experiencia al conocimiento del Yoga. Sat Nam.

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