Música Devocional

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KRISHNA CHAKRAVARTY EN TUCUMÁN

Cuando el silencio se hace sonido

La principal discípula de Ravi Shankar, considerada la mejor sitarista del mundo, brilló con su música en nuestro Centro de Yoga. Más de 130 tucumanos disfrutaron de una experiencia única.

Krishna,junto a Rasikananda Das, brindaron un recital único en nuestro Centro de Yoga, el 12 de junio pasado.
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El silencio y la espiritualidad de la India llegaron con Krishna Chakravarty. No necesitó pronunciar ni una palabra para decir quién es.  Aplaudida por el público sólo caminó sonriente hasta el escenario con su sari de color turquesa y dorado, dejó su cartera, se sentó en su silla, tomó su sitar, afinó algunas cuerdas y comenzó a manifestarse desde su música, la que durante casi dos horas logró atravesar la piel de los más de 130 asistentes al primer concierto que dio en Tucumán, en el Centro de Yoga del maestro Anant Singh.

Comenzó tocando un raga (melodía improvisada) de la noche llamado Hemant.  Cuando sus dedos lograron una velocidad casi única con las cuerdas del instrumento, se sumó Rasikananda Das, el tablista argentino de la Escuela Sargam que la acompaña por su gira en la Argentina.

En uno de los momentos más emotivos, las cuerdas del sitar de Krishna sincronizadas con el vibrante sonido del tabla (un instrumento tradicional de la India que se compone de dos tambores, cada uno de ellos con parches de cuero afinados por tientos) dejaron extasiados a los presentes, que no podían sino cerrar sus ojos y entregarse a la experiencia única de sentir  elevarse su energía hasta el éxtasis.
Cuando terminó de tocar un Dhun (pieza semiclásica de la India) dejó en el piso su sitar, se levantó, sonrió ante la ovación del público, bajó del escenario y se fue sin decir una palabra. Es que no había nada que decir.

“Esta música fluye por las venas;  todo es sonido, sin partitura;  es expansión y vibración. Lo que habla es el espíritu”, describió el maestro  Singh, después del recital, durante una entrevista con la prensa, acompañando a Krishna.

“La Dama del Sitar”, como la llaman en su país, nació en 1958 en la vieja ciudad india de Benarés. Empezó a tocar el sitar cuando tenía apenas siete años por la influencia de su padre y años más tarde fue su marido,  Ram Das Chakravarty , quien se convirtió en su maestro. Recién en 1971 –con el permiso de él, así nos contó ella- se convirtió en discípula del célebre Ravi Shankar.   “Fueron mi padre y mi marido los que siempre me inspiraron a difundir esta música por el mundo”, contó a los periodistas, que tuvieron la oportunidad de conversar con ella en el Centro de Yoga, donde Krishna se sintió como en su casa.

Además de sus ojos sedantes enmarcados de negro, el rostro de Krishna luce en todo momento un punto de color rojo en la frente,  llamado bidi en su India natal. Si bien lo usan en su país las mujeres que están casadas, Krishna lo sigue llevando en memoria de su marido –fallecido hace cinco años-, porque fue quien la alentó a que siga en su carrera de música.  También es el reflejo de la espiritualidad de la India, donde le llaman el “tercer ojo”, el asiento del gurú.

Su entrega a la música se delata en su lentitud para caminar. Es que casi 50  años sentada tocando el sitar con las piernas cruzadas afectaron sus articulaciones. Pero esa disciplina y constancia la llevaron a un reconocimiento internacional. En la actualidad es considerada la mejor sitarista del mundo, y es decana de la Facultad de Música de la Universidad Hindú  de Benarés, la más prestigiosa de la India.
También se hizo conocida porque compartió su maestro Ravi Shankar con el famoso cantante de Los Beatles, George Harrison.

En nuestro Centro, sonreía cada vez que le preguntaban en sus reportajes sobre el músico y aclaraba que lo conoció personalmente en un concierto que dio en Nueva York pero que no fueron discípulos al mismo  tiempo.

Su nombre también transmite la espiritualidad de su país.  Krishna es una palabra en sánscrito (la primera lengua de la humanidad),  que significa “nombre de Dios”.

Su feliz paso por Tucumán

“I very happy”. Respondía Krishna cuando le preguntaban por su experiencia en Tucumán. “Me gustó mucho la ciudad (por San Miguel de Tucumán), más que nada la gente, es muy amorosa; me gustó porque está haciendo un gran trabajo por la inclusión de la música de la India y el yoga “, agregó, sonriente ante las cámaras televisivas.

Desde que llegó a Tucumán, en la mañana del domingo 12 de junio, estuvo acompañada por Silvana Farolfi, alumna de yoga que fue su anfitriona y traductora en todo momento. Después de descansar unas horas, compartió un rico almuerzo vegetariano  en el jardín del Centro de Yoga, entre las hojas del bambú, un árbol originario de la India, acompañada del maestro y sus alumnos.

“Tuve la gracia de poder traerla. Fue un esfuerzo muy grande que hicimos para darle una opción cultural a Tucumán”, contó el maestro Singh. Al día siguiente tenía el primer vuelo  para su regreso a Buenos Aires, donde todavía le restan tres conciertos más, pero no pudo escapar al grupo de pasajeros que quedó varado por la suspensión de los vuelos a raíz de las cenizas volcánicas.

Tuvo que partir por la tarde en micro, pero en esas imprevistas horas que estuvo en Tucumán, pudo conoce más la ciudad y disfrutar de la calidad de su gente.  Se fue feliz con deseos de volver.
 

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